El anillo

Como lo contaba la Babi

Cuenta tus bendiciones. No te quejes por lo que te falta.

No le iba bien en los negocios ni en la vida. No importaba cuántas veces lo intentara, nada le resultaba; se sentía un fracasado. El hombre va caminando mientras se lamenta: —¿Por qué, si trato de ser una buena persona, cumplo con mis obligaciones puntualmente y en forma honesta... ¿Por qué nada me resulta y todo me sale mal?

Justo va cruzando enfrente de la casa del rabino y decide entrar y contarle sus problemas. Él lo recibe con gran amabilidad: —¿Qué te trae por aquí amigo? —pregunta. —Vengo a pedir tu consejo. No sirvo para nada —dice con amargura—, fracaso en todo lo que inicio, no importa cuánto me esfuerce por lograrlo, nunca tengo éxito.

—Pensaré en tus palabras y buscaré una respuesta para ti, pero antes, ¿podrías hacer algo por mí? —Por supuesto, con gusto haré lo que usted me pida —responde solícito el hombre. —Necesito vender este anillo antiguo, ya que debo pagar una deuda. Ve al mercado y trata de averiguar cuánto te ofrecen por él. No aceptes menos de una moneda de oro —le advierte el rabino.

Sorprendido, el hombre coge el anillo y se dirige al mercado. Consulta con un mercader, quien le ofrece unos pocos centavos por ella. —¡¿Cómo tan poco, es un anillo antiguo, podría ser valioso?! —reclama el hombre. —No puedo darte más —le responde el comerciante, dando por finalizada la conversación. Se dirige luego a otro posible comprador, quien le ofrece aún menos que el anterior. Intenta mucho rato, pero no consigue ni remotamente la cantidad que necesita. Apesadumbrado, vuelve donde el rabino y se disculpa por no haber podido ayudarlo.

—Bien —le dice este último—, ahora ven conmigo. Se encaminan entonces donde un viejo anticuario, dueño de una elegante joyería. —Tengo este antiguo anillo —dice luego de saludarle con afecto— y necesito venderlo. ¿Cuánto me daría usted por él? El anticuario calza su lupa y observa el anillo detenidamente con admiración y exclama: —¡No tendría cómo pagarle, rabino! Se trata de una reliquia de gran valor, tal vez podría darle unas cincuenta monedas de oro por la joya, pero estoy consciente de que no estaría siendo justo con usted.

El rabino se vuelve hacia el hombre que no puede creer lo que escucha y mirándolo a los ojos, le afirma: —¡Tú eres como este anillo, hijo! Consideras que careces de valor, que no sabes nada y te convences pensando que no eres capaz de triunfar en la vida. Esto te sucede por escuchar a quienes no entienden ni saben del valor real de las cosas. —Para nuestro creador eres la más preciada de las joyas. Solo que debes convencerte de ello y confiar en tus capacidades.

Los dichos de la Babi

Si miras el sol te dolerán los ojos, mas si miras hacia abajo te dolerá el corazón.