El rabino y la fogata
Hace muchos, muchos años, más de los que yo pueda acordarme, vivía en un pueblo pequeño a las afueras de Europa, un viejo rabino muy querido por su gente. Este rabino tenía una tradición: cada semana, antes de que oscureciera, se dirigía al bosque junto a todo su pueblo hasta llegar a un pequeño montículo sobre el que encendía una gran fogata. Desde allí se dirigía a su gente, entregando sus enseñanzas. Luego, todos rezaban y cantaban en honor al shabat.
Pasaron los años y el viejo rabino murió. La gente, con tristeza, se preguntaba: ¿quién podría seguir con la tradición? El hijo del rabino, no había alcanzado la sabiduría de su padre e intentó continuar con las antiguas costumbres. Sin embargo, no recordaba exactamente el lugar del bosque, pero de igual modo encendía la fogata y, aunque no podía entregar las mismas enseñanzas que su padre, juntos rezaban y cantaban.
Este rabino también se hizo viejo y murió. El rabino que lo sucedió, llevó a su pueblo a otro bosque, ya que no recordaba cuál era el lugar original. Igual cantaron y rezaron alrededor de la fogata. Pasó el tiempo y también partió.
Llegó otro rabino que tampoco sabía cuál era el bosque, ni sabía de la fogata. No obstante, igual juntó al pueblo, rezó y cantó. Cuando este murió, no recordaban el bosque, la fogata ni los rezos, pero igual se juntaban y cantaban.
Los dichos de la Babi
Y es así cómo la tradición se va perdiendo.
