La vela apagada

Ha perdido a su hijo víctima de una cruel enfermedad y no sabe cómo continuar viviendo. Nada tiene sentido para él. Llora a todas horas, sin hallar consuelo a su tremendo dolor; tampoco logra conciliar el sueño, está agotado, exhausto de sufrir. Esa noche, cierra los ojos y se le aparece D's, quien le dice:

—¡Basta ya, no puedes continuar con esta tortura! —¡Es que no puedo vivir sin él! —solloza el padre en silencio. —¿Quieres ver a tu hijo una vez más? —le ofrece D's. —¡Por supuesto que quiero! —responde presto el acongojado padre.

D's lo toma de la mano y lo conduce al cielo. —Espera aquí —le dice—, pronto lo verás. Unos minutos más tarde aparece una fila de ángeles vestidos de blanco, cada uno lleva una vela encendida en sus manos. —No lo veo —dice el padre. —Ya lo verás —replica D's—, ten paciencia, yo te avisaré. Cientos de pequeños ángeles desfilan delante de ellos. —Ahí viene —le anuncia D's.

Tembloroso, el padre se concentra y reconoce por fin a su amado hijito que camina feliz con una vela apagada entre las manos. También el niño ve a su padre y saliéndose de la fila corre hacia él y se lanza a sus brazos. Se abrazan fuerte por largo rato. El padre lo mira y le pregunta:

—Mi amor, ¿por qué llevas tu vela apagada? ¿Acaso no te la encienden como a todos? —Sí papito —responde el niño—, todos los días me la encienden, solo que tú la apagas con tus lágrimas.

Los dichos de la Babi

Al nacer D's nos manda a cada uno con una «bolsita de lágrimas». Cuídalas bien, no sea que se te acaben temprano y ya no tengas para consolar una pena o un dolor.