Los niños de D's

Como lo contaba la Babi

El más amado.

Saúl y Clara habían hecho todo lo posible por ayudar a su hijo, quien desde pequeño tartamudeaba al hablar. Ese día, Saúl, al retirar a su hijo de la escuela, lo ve acercarse con sus ojos hinchados de llorar y, angustiado, le pregunta la causa de sus lágrimas. —Los niños se ríen de mí por mi manera de hablar. Saúl le toma la mano a su hijo y le explica con gran congoja, que los niños pueden ser crueles muchas veces. Lágrimas resbalaron silenciosas por las mejillas de Saúl al regreso a casa, el dolor del hijo se le hacía insoportable.

Ya de noche, cuando el chico dormía, conversa con Clara, su mujer: —¿Qué más podríamos hacer para ayudarlo? Le hemos tratado con terapeutas y clases especiales, pero no mejora. Esa noche duermen poco. Al día siguiente, muy temprano, Saúl va donde su rabino y le comenta su problema con gran tristeza. El rabino lo escucha atentamente, observa su profunda pena y le aconseja: —Ve a trabajar y regresa esta tarde, tendré algo para ti.

Así lo hizo. El rabino le entregó entonces a Saúl un par de hojas escritas para leerlas junto con su esposa en la noche. Era un cuento y decía más o menos así:

Un atardecer de un sábado, D's mismo decide dar una vuelta por el lugar y se dirige a la fábrica de los niños. —¡Qué limpio y ordenado este lugar, hace mucho que no entraba por acá! Sin proponérselo, comienza a tomar uno a uno los elementos de las repisas dando forma a un nuevo ser humano. Al finalizar, observa complacido su creación: es un ser perfecto, D's no se equivoca jamás.

—No es justo —piensa—. He procurado siempre el equilibrio entre las fortalezas y debilidades de cada persona. Decide entonces quitarle un componente al niño recién creado. En un caso, toma parte de su lengua impidiéndole hablar correctamente; en otro, el niño no puede oír bien; en otro le saca un brazo; en otro pierde la vista. —Serán estos los hijos más queridos por mí. Los hijos del Shabat, los hijos de D's.

Saúl y Clara lloraron ambos mientras leían el cuento, sintiendo algo de alivio. A la mañana siguiente, se lo relataron al hijo quien lo escuchó con profunda emoción. Esa tarde, Saúl, al retirar a su hijo de la escuela, lo vio acercarse sonriente. Los compañeros se reían igual de él, pero no le importaba, sabía que él era un hijo del Shabat, un hijo de D's.

Los dichos de la Babi

No se puede tapar el sol con un dedo.