
Por favor y gracias
Como lo contaba la Babi
Ese día al desayuno, uno de los niños se comportaba rudamente a la hora de pedir algo… Como no les gustan los «discursos», les conté esto…
Cada niño llega al mundo con un pequeño hombrecito que vive en las profundidades de su garganta; es el encargado del «Por favor» y de las «Gracias». Ellos necesitan respirar y para ello deben salir a menudo de la boca.
David y Jaime tomaban desayuno. David, que era muy mal educado, ordenaba:
—¡Pásame el pan!, ¡dame la mermelada!, ¡no hay azúcar en la mesa…!
Mientras tanto, Jaimito pedía educadamente:
—Pásame la leche, por favor. ¿Podrías alcanzarme las tostadas, por favor?
El hombrecito que vivía en la boca de Jaime gozaba de una excelente salud, estaba fuerte y vigoroso. En cambio, el de David estaba débil, muy flaco y sentía que le faltaban las fuerzas; casi no podía respirar, ya que muy pocas veces lo sacaban al exterior.
Una mañana, mientras compartían el desayuno, el hombrecito de David sintió que se ahogaba y de un brinco saltó a la boca de Jaimito.
Algo extraño sucedió al desayunar el día siguiente. Al pedir el pan, Jaimito dijo: —Dame la tostada por favor, por favor. La mamá sorprendida le acaricia la cabeza y lo felicita: —¡Qué educado estás hoy, mi amor!
David también quiere ser aprobado por su madre e intenta pedir por favor, pero no le sale: —P… p… pásame la cuchara, p…
La mamá se preguntaba: —¿Qué sucederá? Uno de mis hijos sigue siendo mal educado como siempre, pero el otro es ahora excesivamente amable.
Al otro día, el hombrecito de David amaneció fuerte y reforzado por las tantas veces que Jaimito lo había sacado a respirar, por lo que durante el desayuno regresó de un salto a la boca de David.
Para el encanto de todos, ese día David comenzó a pedir: —Dame una manzana, por favor. —La tostada está muy rica, gracias. En ese mismo instante, Jaimito dejó de repetir por favor, por favor. Y la mamá, feliz.
Los dichos de la Babi
Último día… ¡Nadie se enoja!
