Ilustración del cuento «El bosque nevado»

El bosque nevado

—Hermanita, durante siete años hemos tenido nosotros al papá, mi esposa está cansada, ¿podrías tú hacerte cargo por un tiempo? Ella le promete consultarlo con su marido y esa misma tarde le responde: —Con vergüenza te confieso que estamos pasando por una muy mala situación económica, nos cuesta hasta para nosotros. Sé y quisiera haberte respondido de otra manera, pero no es el momento para nosotros. Jamás podríamos darle lo que tú le ofreces, lo siento.

Elías llamó a sus otros hermanos: Joaquín recién había tenido una pareja de gemelos que los tenían superados con su esposa, y Rubén debía salir del país seis meses por trabajo. ¡Nadie podía hacerse cargo del viejo papá!

Pasaron unos meses, los problemas se iban agudizando, por lo que Elías convoca a sus hermanos a una reunión fuera de la ciudad. —Lo siento mucho, me da mucha pena, pero debemos tener una conversación seria acerca de nuestro padre. Los cuatro hermanos se juntan, dialogan largamente y ven con desconsuelo que no encuentran solución a tan triste problema.

Un día de crudo invierno, después de una noche de profusa nevazón, deciden reunirse los cuatro hermanos en casa con su papá. Hay tristeza en el ambiente, toman juntos un muy rico y contundente desayuno. Abrigan mucho, mucho al papá, le ponen gorro de lana, una gruesa bufanda, unos guantes, sus botas y le dicen: —Papito, te hará bien caminar un rato. El viejo se come todo lo que le dan; obediente se viste con todo lo que le ofrecen y juntos salen a caminar por la nieve.

Van del brazo, muy juntos todos abrazando al papá. Caminan en silencio lentamente, con la cabeza gacha. Después de un tiempo, el abuelo se detiene repentinamente y exclama: —¡Este es el lugar! Los hijos se miran entre sí, sin entender. —¡Te has vuelto loco papá! ¿Qué estás diciendo? —Este es el lugar donde hace veinte años yo dejé a mi padre.

Los dichos de la Babi

Un padre puede educar, alimentar y proteger a siete hijos; pero siete hijos no pueden cuidar a un padre.