
El mejor amigo del hombre
En un día de verano, la playa estaba llena de gente que disfrutaba de la arena, del sol y del agua. En la parte de atrás de la playa, un joven paseaba con su caballo. De pronto, se cerró el cielo y se desató una temible tormenta; llovía copiosamente y los truenos producían un ruido ensordecedor. De un momento a otro, un rayo fulminó al joven y su caballo, quitándoles la vida en un instante. El hombre y su caballo murieron, pero como en los cuentos y en los sueños pasan cosas increíbles, pudieron incorporarse y continuar su andar.
La tormenta cesó tan rápido como llegó. El hombre y su caballo siguieron con su marcha durante horas, hasta que llegaron a un lugar muy hermoso donde había una enorme puerta. En ella se leía: «El Cielo». Hermosa vegetación se divisaba en el sendero y un camino de adoquines de oro conducía a la entrada. Allí había un hombre al que se dirigió el joven, pidiéndole ingresar para tomar un poco de agua y descansar un rato.
—Por supuesto, adelante. Agradecido, el joven avanzó con su caballo; mas el hombre, sin pensarlo dos veces, lo detuvo. —Los animales tienen prohibido el ingreso. —¡Pero cómo, hemos caminado juntos todo el día, también él tiene sed! —Lo siento señor, el reglamento lo impide, solo puede pasar usted. —Le agradezco, pero si mi caballo no puede hacerlo, yo tampoco lo haré.
Siguieron caminando bajo un sol inclemente, estaban cansados y tenían mucha sed. Luego de un largo trayecto encontró otro lugar más sencillo y en su gran puerta se apreciaba la misma leyenda: «El Cielo». Otro hombre custodiaba la entrada. El joven se le acercó y dijo:
—Señor, desde aquí veo una gran laguna de agua cristalina y pura, ¿nos dejaría entrar y saciar un poco nuestra sed? —Por supuesto, pase por favor —le indicó el hombre. —¿Puedo entrar con mi caballo? —Encantado, pasen por favor. ¡Por supuesto que sí!
El joven manifestó: —Hay algo que me produce extrañeza, hace unas horas pasamos por un lugar semejante a este que, además, se llama igual. ¿Cómo es posible que tengan el mismo nombre? —Ese sitio no es el cielo. En el cielo no permitimos la entrada a quien abandona a su mejor amigo.
Los dichos de la Babi
La vida es como una gran rueda de carreta: si vas de subida, te sientes feliz, pero ¡cuidado! Ya comienza la bajada y entonces... ¡No te preocupes tanto! Pronto comenzarás una nueva subida.
