El árbol generoso

Llevaba muchos días caminando por el desierto, padecía hambre y sed. El sol implacable le hacía aún más dificultoso el camino. Está perdido, siente miedo y no sabe hacia dónde dirigir su marcha.

Mirando hacia lo lejos, le parece percibir unas sombras de color verde. Esperanzado, hacia allá dirige sus cansados pasos y descubre con incredulidad y alegría que ha llegado a un pequeño oasis.

Por en medio corría un fresco arroyo de transparentes aguas y al borde del mismo se erguía un inmenso árbol de espeso follaje y del que colgaban rojos y apetitosos frutos. Invadido por un sentimiento de profundo alivio, el caminante cae de rodillas y eleva una plegaria de agradecimiento a D's. Bebe hasta saciar la sed que lo embarga y luego se sienta bajo la generosa sombra del árbol gigante, toma sus jugosos y dulces frutos con los que calma su hambre. Allí mismo duerme largamente su cansancio.

Moty
Moty

Al despertar, observa el cielo que aparece entre las ramas y piensa: —¡¿Cómo podría yo agradecerte árbol?! —¡¿Qué podría yo desear para ti...?! —Eres grande y alto, tus ramas lucen sanas y fuertes; cuentas con agua suficiente para alimentar tus raíces, tus frutos son dulces y jugosos, y tus hojas proveen una espléndida sombra. —¡¿Qué más podría yo desearte para retribuir todo lo que me has brindado?!

Pensó y pensó, y luego de un instante, señaló: —Lo único que puedo desearte, árbol, es que tus semillas se conviertan en robustos árboles que den frutos tan fragantes y buenos como los tuyos, y que se esparzan por la tierra embelleciendo el paisaje, purificando el aire y regalando sombra y alimento a quien lo necesite.

Los dichos de la Babi

Que D's bendiga tu salida y bendiga tu llegada.