El escorpión y la rana

Como lo contaba la Babi

Está en su naturaleza.

El gran escorpión necesitaba cruzar una enorme laguna donde se encontraba, pero no sabía nadar. —¿Cómo podría alcanzar el otro extremo? se preguntaba desde la orilla. —Si lo intento sobre una hoja, esta podría hundirse y moriría ahogado; carezco de alas, mal podría intentar volar.

Dovid
Dovid

Ensimismado con estos pensamientos, observó a una rana que croaba no lejos de él. Se aproximó y le preguntó si ella accedería a cruzarlo. —¿Te has vuelto loco? —replica la rana. —¡Me podrías enterrar tu aguijón!

El escorpión insistió: —¿Cómo podría hacerlo, causaría tu muerte? ¡Ambos nos hundiríamos, no sé nadar! La ranita encontró razonables las palabras del escorpión, lo meditó brevemente y accedió a cruzarlo.

El escorpión saltó ágilmente entonces sobre el lomo de la rana, quien comenzó a nadar para cruzar la laguna. A la mitad del camino, el escorpión, que ya no podía reprimirse, levantó su mortífero aguijón y lo clavó en el cuello de la rana.

Agonizante, la pobre rana sintiendo el veneno, exclama: —¡Qué has hecho, ambos moriremos! A lo que el escorpión responde: —«El escorpión no puede dejar de ser escorpión».

Los dichos de la Babi

La risa abunda en la cara de los tontos.