El rey está triste
Un Rey se preocupaba de todos sus ciudadanos con bondadosa generosidad. Era amado y respetado. ¡Era un pueblo feliz!
Cierto día, comenzaron a notar que su Rey estaba triste y no salía de su depresión. Nada devolvía su alegría. Afamados médicos se ofrecieron para ayudar, pero ninguno logró sacarlo de su tristeza.
Vinieron los payasos y los saltimbanquis. Vinieron los contadores de historias y los poetas. Vinieron los músicos y los bailarines. Se hicieron grandes banquetes y encuentros deportivos. Pero... ¡el Rey seguía triste!
Ofrecieron entonces una recompensa para ver quién podría alegrar al Rey; muchos llegaron y no encontraron solución a su pena.
Cierto día llegó a palacio un pequeño hombrecito que vestía humildemente. Al abrir la puerta, el guardia lo increpa: —¿Qué buscas? —Tengo el remedio para el mal de mi Rey —responde. —¿Tú...? Han venido grandes sabios del mundo y no lo han conseguido, ¿qué podrías tú ofrecerle? —Sólo podrá verlo el Rey —responde mostrando una pequeña caja que trae en sus manos. Varios intentan persuadirlo de mostrar o decir, al menos, de qué se trata el remedio. Sin embargo, no mostraba ni decía.
El Rey que andaba cerca, ordena que lo dejen pasar. —Mi Rey, vengo hasta ti para ofrecerte este regalo con el que te sentirás mejor. Deberás usarlo siempre y cada día tendrás que leer su mensaje —agrega el extraño visitante.
Sorprendido el rey recibe el objeto y al abrir la pequeña caja, encuentra un anillo con una breve leyenda en su interior. La gente de palacio observa incrédula la emoción que embarga al Rey al leer el mensaje. La frase dice:
«Y esto también va a pasar»
El Rey ya no está triste y regresa la tranquilidad al pueblo; todos pudieron continuar sus vidas tranquilas y felices.
Los dichos de la Babi
Cuando D's quiere, a la casa te lo va a dejar.
