El muro
Como lo contaba la Babi
Acepta a la gente como es y no como a ti te gustaría que fuera.
Una soleada mañana de primavera, una joven mujer camina por una larga calle. De pronto, se da cuenta que desde la vereda del frente y a través de una gran grieta que atraviesa el muro, alguien la observa. Es un gesto amistoso; la persona le sonríe. Se detiene, le complace lo que ve y sonríe devolviendo la mirada.
La persona entonces decide atravesar la grieta. El espacio es reducido. Pasa un brazo y luego una pierna; trata de pasar la cabeza, pero se le atasca y pierde parte de una oreja en el intento. Insiste, su ropa queda en el muro hecha pedazos. No ceja y se hiere gravemente la rodilla izquierda.
Por fin sale cojeando, con su nariz magullada, la ropa hecha jirones y su oreja sangrando. Se acerca con dificultad a la joven que lo espera.
Ella lo observa y dice: —Así no me gustas. ¡Me gustabas como eras antes!
Los dichos de la Babi
Algunas veces el verdadero amor se presenta con un feo disfraz.
